LOBEZNA MELANCOLÍA

De  nuevo la noche,  la hora en que el cuarto se vuelve de cinco paredes, y un baño de oscuridad  se apodera  de la cabeza, (¿es fantasmal esta cabeza?).  Mi cabeza está ahuecada de tanta melancolía, las calles no la consumen,  las calles son una ausencia  más aunque sean multitud y grito. Yo grito de manera diferente, mi  grito es una llama hacia adentro, mi grito no es de yugo ligero, mi grito está en las cinco paredes, pertenece a esa noche, a esta noche, a todas las noches. Yo grito  porque mi cabeza está ahuecada de verdad, alguien disparó  un pensamiento del cual no me recupero y no habrá cura. No, nadie disparó, creo que fui yo quien disparó, pero cómo pudo ser, no lo sé…estoy recriminando,  estoy  fluctuando, siempre pasa porque es de nuevo la noche, la maldita noche donde  maldigo, donde no pasa nada, ni siquiera el  vacío. Ahora vendrán los lobos a aullarme, ya los conozco, nunca me devoran, solo me muestran los dientes, y  yo empiezo a llorar porque no puedo llorar, con toda esa melancolía  debería llorar a chorros, pero solo chorros de silencio hay en esta habitación de cinco paredes. La melancolía es una luz extraña, no golpea fuerte pero te manda al piso, no sé si el hoyo de mi cabeza es la melancolía, la llevo sobre los hombros, me hala al caminar, sobre todo me hace tropezar como un niñito que vi caer hace  muchos años, creo que ese niñito era yo, cómo saberlo ahora. Aprendí a  convivir con los lobos,  tal vez los lobos saben que  el cuarto es de cinco paredes. La música de los lobos  te sosiega y a la vez te da terror, tal vez alguna noche los lobos me salven de la noche. Bienaventurados los que en la noche  dormitan, yo no puedo, me la paso midiendo los ángulos del cuarto de las cinco paredes mientras los lobos aúllan. Melancolía es una palabra que no define la melancolía. El  grito y yo somos siameses. Quiero gritar esa indefinición, pero el cuarto es de cinco paredes, además  el hoyo de mi cabeza no me deja dar con esa indefinición de la melancolía. ¿Y si no es melancolía  y todo fue  por haber soñado que estaba de pié en mi cuarto midiendo sus ángulos? No, estoy seguro que es esa noche, la que viene a atormentar mi espíritu, la que espía el alma, la que hace trastabillar el ser. De nuevo la noche, ya ha dejado sus óvulos  en el cuarto para ella repetirse y perpetuarse. Yo ya se la hora de su llegada, a veces le preparo café sin azúcar, a veces simplemente le lanzo golpes de boxeador pero ella resiste los doce rounds, no sé cómo hace para no caerse  mientras  yo termino exhausto en una de las esquinas del cuarto.  Y desde  esta esquina del cuarto y sudando de tanto combatir  esperaré a los lobos aullar como de costumbre, esperaré sin esperanza haber cuándo me ponen otra cabeza, aunque temo que si me dan una cabeza nueva, igual en algún momento aparecerá un hoyo  y una melancolía. Que los lobos me salven.

 

ALEXANDER RICAURTE (THOMAS BATHORY)